FACATATIVÁ
LA VIDA DE UN NIÑO EN LA ‘MANSIÓN DE PIEDRA'
Walter Alejandro, no es el personaje más prestigioso del pueblo, ni el más conocedor de su historia pero es aquel personaje misterioso que tiene una historia, una vida y una verdad.
A pocos kilómetros de la ciudad de
Bogotá se encuentra el hermoso y
frío municipio de Facatativá,
"Mansión de piedra" o cercado
fuerte al final de la llanura ;
ese es el significado de aquella
palabra que hace referencia a
un municipio situado
cerca a la capital, fundado en 1600
y con numerosos hechos históricos que sucedieron en épocas de independencia y civiles en el siglo pasado;, lleva en sus calles las numerosas batallas de un pueblo fuerte y en constante desarrollo .
En la plaza principal, donde se encuentran las instituciones más importantes de cada pueblo, se hallaba un niño, algo lo hacía diferente. Su nombre: Walter Alejandro, de pronto no es el personaje más prestigioso del pueblo, ni el más conocedor de su historia pero era aquel personaje misterioso que tenía una historia, una vida y una verdad.
Cuando me acerqué al él vi en sus ojos verdes la mirada de alguien que ha recorrido la vida de manera muy distinta a los niños de su edad, caminamos la plaza en forma silenciosa y un poco reflexiva, tomamos asiento y cuando empezó a hablar de su vida, entendí que ésta no iba a ser una entrevista común; quedé atrapada en sus palabras.
Una larga historia en una corta vida
Walter nació en Facatativá hace once años, vivió con sus padres y sus cinco hermanos hasta un suceso que cambiaría su historia. Hace aproximadamente siete meses sus padres fueron privados de su libertad después de un allanamiento que se realizó en su lugar de residencia, una incautación de droga que dejó como responsables de aquel delito a sus padres, (Walter relataba los hechos de manera un poco fría), su padre se encuentra en la cárcel del municipio y su mamá en la cárcel El Buen Pastor de la capital, él, junto a sus hermanos fueron llevados a Instituto de Bienestar Familiar pero Walter se escapó después de un tiempo; "me dijeron que me fuera y yo me fui", esas fueron sus palabras . Ahora vive en las calles, duerme en los cajeros y pide comida para sobrevivir.
El momento más difícil de nuestra conversación fue cuando me contó de manera temerosa que había sido violado en una fundación; siete hombres lo amenazaron con arma blanca, "me dijeron que si yo no me dejaba me iban a matar", afirmaba Walter con voz retraída, le pregunté por qué no buscaba ayuda y me respondió que él ya estaba "amañado" viviendo en la calle.
Según estadísticas del Instituto
de Medicina Legal, son entre
14 mil y 17 mil las denuncias
que se reportan anualmente
ante diferentes entidades
especializadas.
Por otra parte, la Asociación Afecto, que trabaja por la defensa de menores maltratados, considera que el problema es mucho más grave de lo que parece, afirman que tan solo el cinco por ciento de los casos de abuso sexual son denunciados.
El patrullero Manuel Cifuentes, a quién presentamos el caso de este menor, afirma que La Policía Nacional lleva sólo a los menores que están consumiendo productos alucinógenos y a aquellos que cometen algún delito al ICBF de la localidad, pero cuando le pregunté por este caso en particular, después de unos segundos de silencio, reafirmó, que ellos sólo se podrían hacer cargo de los menores que estuviesen cometiendo un acto ilegal.
Pero entonces, ¿dónde quedan aquellos menores que por circunstancias de la vida quedan ermitaños en un mundo que no les ofrece muchas posibilidades de supervivencia, pero los cuales no cometen ningún acto ilegal?, ¿deben efectuar alguna fechoría solo con el fin de poder logar un espacio en un lugar donde encuentren protección?: "vamos a estar más pendientes de casos como el de Walter", ese fue su compromiso.
Las últimas palabras de Walter
en aquella conversación, y en
esa fría y húmeda tarde fueron:
"mi sueño es estar con mi mamá";
no supe que decir. Lo despedí,
con un sentimiento de culpa e
impotencia, al saber que no
podría darle lo que más anhelaba
en ese preciso instante, dejaba en mí un dolor en el alma, como quien pierde un amigo.
Walter se perdió entre la gente, caminando, se fue desapareciendo de aquella hermosa plaza donde se encuentran las instituciones más prestigiosas y del municipio.